Invierno con máquina de escribir
Aquel invierno palentino nevó bastante. Alguien me prestó una máquina de escribir. Ni siquiera era antigua ni interesante. No me atraía mucho su uso habitual, así que empecé a usarla para dibujar (o algo parecido). Así nació este pequeño Mar.
Casi 15 años en el cajón
Digitalicé aquellas cuartillas para poder mostrarlas. Aunque las ha visto muy poca gente en este tiempo. Un amigo diseñador me puso mala cara y me dijo que aquello le resultaba "antiguo". Bueno. A una inmensa minoría le encantó. Eso sí, solo eran un puñado de amigos, incluido un artista veterano demasiado bondadoso (al que venero) y una agente literaria que me sobrevaloraba (a la que no he vuelto a ver).
Hora de compartir
No se puede esconder un mar, por pequeño que sea. Pero tampoco pretendo inundarlo todo. Bastará con esta edición tan sencilla como limitada (200 ejemplares numerados a mano). Estaremos fuera de los canales habituales: nada de turismo ni de playas masificadas. Quedará entre nosotros. Este libro es solo para los valientes que se atrevan siquiera a mojarse un poco los tobillos.